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Control de la calidad educativa (I)

Control de la calidad educativa (I) 

 

 

Otro de los pilares fundamentales del sistema educativo es el control de calidad. Cuando dicho control es inexistente o ineficaz pueden pasar cosas muy raras en cualquier nivel, incluyendo el universitario. Tanto en el pasado como en época reciente se han registrado situaciones atípicas,  unas anecdóticas y otras más serias, que difícilmente hubieran tenido lugar de existir un control de calidad fiable y eficaz. Prueba de ello es la amplia diversidad de tales situaciones, una muestra de las cuales exponemos a continuación con la pretensión de hacer reflexionar a los lectores.  

Decenios atrás, numerosos universitarios andaluces consiguieron aprobar la asignatura de alemán conociendo apenas una veintena de palabras. Una simple prueba oral, de un par de minutos de duración por alumno, hubiera descubierto todo el pastel. La magia de tal fenómeno educativo, nada menos que el 100 % de aptos, estaba en el examen final, que consistía en una traducción idéntica a una de las realizadas durante el curso. Bastaba con llevar el diccionario repleto de hojitas suplementarias. Absorto en su lectura, el profesor no se movía del sillón y tampoco prestaba atención a la creciente montonera de exámenes finalizados. Cuenta la leyenda que algunos de los aprobados ni siquiera hicieron acto de presencia, pues “sus” exámenes fueron cumplimentados por los colegas.

Cuando el filoterrorismo impregna la actuación profesional y la Administración, por acción u omisión, favorece el despropósito, puede ocurrir que los criminales, en lugar de pudrirse en la cárcel, queden demasiado pronto en libertad y con un título universitario bajo el brazo. Agitar el sufrimiento de los afectados por el terrorismo es algo que debería ser evitado a toda costa por los gobernantes democráticos, pero, en nuestra querida España, los altos mandatarios estatales consintieron una vía alternativa, al margen de la UNED, que favorecía a los asesinos de la ETA en lo concerniente a la obtención de titulaciones, según publicó un suplemento del diario El Mundo (11/05/2003): “Se matriculan en masa en la universidad a distancia creada en el País Vasco a la medida de los etarras. Y logran expedientes brillantes. CRÓNICA publica por primera vez las notas de estos estudiantes especiales y reconstruye cómo funciona la trama”. (Internet: ibercampus.es/los-listos-de-eta-824.htm).

Recientemente se ha detectado el problema de las convalidaciones indiscriminadas, que suelen ser un coladero. Viene esto a cuento del método utilizado por aquellos militares cuyo futuro en las Fuerzas Armadas depende del título de Bachillerato. Según “El Confidencial Digital” (14/04/2015), a través de academias españolas y por unos 2.000 euros, los militares pueden inscribirse en cursos ‘online’ ofertados por centros de Panamá (6 meses de duración). Luego se solicita la homologación al Ministerio de Educación, que lo equipara al Bachillerato español (2 años de duración). Una vez con ese título, incluso pueden acceder al examen de Selectividad a través de la UNED. Un procedimiento similar posibilita la consecución de un certificado homologable con el título de graduado en Secundaria, de utilidad para los soldados que quieran renovar la permanencia en las Fuerzas Armadas.

La falta de exigencia y de control en los niveles precedentes provoca que miles de universitarios escriban con faltas de ortografía. En Valencia se ha acordado penalizar la puntuación en la Selectividad, pero sólo en las “asignaturas lingüísticas”, según el diario Las Provincias (22/10/2014): un fallo en las grafías descuenta 0,25 puntos y en las tildes 0,15, aunque el cómputo total no podrá sumar más de 3 puntos. ¿No se descuenta nada por los fallos cometidos en física o matemáticas, al no ser “lingüísticas”? ¿Cómo se penalizan los fallos ortográficos en Almería? ¿Alguien ha leído algo de esto en la prensa local? Además, dado el desmadre autonómico, ¿se aplican los mismos criterios en todas las comunidades o regiones de España?

Un profesor de la UAL contó que, cuando era estudiante de preuniversitario, en el examen final puso una “v” donde no debía, fallo que le costó suspender en junio la asignatura de Lengua española. Entre este criterio tan estricto y la cantidad de faltas ortográficas que se registran, habría que encontrar el punto de exigencia apropiado y establecer una prueba específica de obligada superación para acceder al nivel universitario. Resulta inadmisible que en este nivel se escriban cosas tales como: ‘absorver’, ‘abstenir’, ‘aprietar’, ‘a traido’, ‘através’, ‘combierte’, ‘decección’, ‘ebullezca’, ‘emisferio’, ‘escepto’, ‘horgánulo’, ‘preveer’, etc.

 

 

José Miguel García Torres

 

Publicado el 24-04-2015

http://www.elalmeria.es/article/opinion/2013224/control/la/calidad/educativa.html